Conciencia con nuestra alimentación

Mindfulness o atención plena es un estado mental en el cual la atención es dirigida al presente, con conciencia no crítica y aceptación respecto de las sensaciones de cada experiencia. Mindfulness permite identificar pensamientos, emociones, y sensaciones físicas, sin juicio sobre lo vivido con el reconocimiento de dicha vivencia.

Su práctica permite limitar la intervención de los patrones de respuesta automática, mejorar la capacidad de concentración, el rendimiento, el control de impulsos, y obtener una serie de beneficios que determinan una mejor calidad de vida. Aplicándolo a la alimentación, el “Mindful Eating” expresa un estado de atención dirigida a la experiencia del comer y en el cual se es testigo, no crítico, de las sensaciones evocadas. Se trata de una actitud de apertura y curiosidad hacia los alimentos y la ingesta, hacia su significado y sus efectos.

Se constituye como un incentivo para tomar decisiones favorables y establecer una relación saludable con los alimentos. En mi opinión, la mayor dificultad en la adherencia a los planes de alimentación para perder peso, el auge de las dietas “express”, y el insuficiente impacto de las intervenciones de promoción de vida sana, develado por los lamentables indicadores de estado nutricional en nuestro país, tienen relación con la falta de valoración respecto al que debiera ser el primer paso en una estrategia de intervención para generar educación o reeducación alimentaria: el aumentar el nivel de conciencia respecto a la alimentación. Con esto último y no me refiero a saber cuáles hacen bien y cuales no, porque es sabido que comer verduras es sano y comer frituras no lo es, y aunque no son deseables la obesidad o los infartos, en general las decisiones dietéticas siguen siendo las mismas.

La alimentación hoy transita entre el constituirse como un premio o revancha que obedece al estado de ánimo, o un acto obligatorio para evitar el desmayo en rutinas laborales donde el horario de almuerzo se comparte con trámites y tareas pendientes. Es así como los malos hábitos de alimentación y la falta de consistencia entre la intención y la acción en el comportamiento alimentario, son en gran medida consecuencia de la dominancia de los impulsos por sobre el conocimiento y las buenas intenciones.

Es decir, por la deprimida habilidad de enfocar la atención en la experiencia del comer y de sostener la trilogía del “enfocar – decidir – y actuar en consecuencia, para cual una buena opción es plantearnos el “Mindful Eating”.

Stefanie Chalmers E.
Académico, Escuela de Nutrición y Dietética
Universidad Andrés Bello.