La región exige Más Universidad

En momentos en que todo Chile, y en particular nuestra región tarapaqueña, se conmueven con marchas, protestas y debates públicos en torno a la necesidad de un cambio social y político, nuestra Universidad Arturo Prat ha permanecido silente y cerrada.

Se argumentó, por parte del rectorado, que ello obedecía a razones de seguridad, lo cual puede ser un argumento parcialmente atendible. No obstante, el silencio es injustificable ya que se transforma en una omisión de la intensa dinámica pública que vive el país y las regiones donde estamos presentes. Hasta el momento se han producido estimulantes intentos de colocar una voz propia en el escenario, pero han sido voces desde grupos específicos.

Es lamentable, pues a la UNAP como universidad regional, que reúne a buena parte del mundo intelectual y técnico de Tarapacá y a la mayor parte de las y los jóvenes universitarios, debió corresponderle un lugar en esta dinámica. Como también de sus centros y sedes regionales en cada una de sus locaciones. Debió ser ella misma un lugar de los debates, y desde su posición reforzar su liderazgo regional, como lo han hecho otras universidades regionales. No hablo de si ello debió tener lugar en el campus universitario o no –lo cual también merece ser discutido, pero es secundario- sino de la voz de distintos actores universitarios, del debate necesario sobre nuestro futuro regional y de proponer un rol activo de la universidad en la concertación de voluntades para superar esta crisis y avanzar hacia el Chile mejor que la sociedad reclama.

La omisión puede tener un explicación. Parte de la situación de la UNAP –por todos/as conocidas- es la carencia de un posicionamiento y un liderazgo con de proyección regional y vocación colectiva. Han existido –hay que reconocerlo- iniciativas loables de vinculación con el medio social pero se trata de intervenciones con baja continuidad en el tiempo. Esta omisión resultaría hoy muy costosa, cuando toda la sociedad se mueve y pide ser acompañada por la que es su universidad. Restarse es un error y una pérdida de oportunidad.

Es justamente por situaciones de esta naturaleza que he estado pidiendo con insistencia un debate programático de los candidatos a la rectoría de la UNAP. Necesitamos contrastar programas, no solo para contender (que es la lógica de una elección) sino también para buscar acuerdos y concertaciones cuando la campaña pase y debamos afrontar nuevamente la superación de la situación crítica de la UNAP. De la síntesis de los programas que hemos sostenido, se podría proyectar la Universidad que queremos, más allá de quien sea electa. Cerrar el debate solo comprime y atomiza más de lo que estamos, en momentos que necesitamos proyectarnos con unidad y vocación. Y en la presente coyuntura, este debate debe abordar de manera destacada cuál debe ser el lugar de la UNAP en el acompañamiento de las políticas que den cuenta de la situación y en la supervisión crítica de su desarrollo.

Cabe mencionar que continuar la campaña, la semana recién pasada, nos resultaba una frivolidad, por eso decidimos suspenderla momentáneamente y agradecemos que uno de los candidatos haya seguido ese gesto. Es por ello que solicitamos el jueves una reprogramación al Tribunal Calificador de Elecciones Universitario para extenderla, cuestión que ha sido rechazada sin conocer aún los motivos por los cuales se rechazó.

Somos conscientes que hoy, más que nunca, no podemos seguir omitiéndonos de una dinámica social que nos reclama. Desde todos nuestros roles, ya sea docente o investigativo, administrativos y estudiantes, todos tenemos cabida en prefigurar el sentido de la Universidad. Por eso es central discutir, debatir y mirar al futuro de nuestra universidad y de su acción en las regiones donde estamos presentes. Las Universidades al servicio de las sociedades donde se deben, son claves para el Chile que se viene y la región que soñamos.

¡Otra universidad es posible!

Marcela Tapia Ladino
Candidata a rectoría
Universidad Arturo Prat