La unión hace la fuerza

Hace pocos días nos reuninos, en compañía de empresarios y académicos, con una representación de la Comisión de Paz de la Cámara de Representantes. Ella ha emprendido un trabajo de aproximación territorial para conocer de primera mano iniciativas de construcción de paz.

Asistieron miembros de los partidos conservador, liberal, centro democrático, verde y el farc. Desprovistos de apasionamientos partidistas, escucharon análisis y recomendaciones sobre el tema y formas de trabajo conjunto por la paz.

Su perspectiva de que los ciudadanos en sus realidades locales enfrentan los mismos problemas independientemente de sus militancias y que son tan agudos nuestros asuntos como sociedad, que no es posible insistir más en ideologías, sino en soluciones colectivas, hizo muy fácil y productivo el conversatorio. Una actitud que es necesario apoyar no solo porque cualifica la política, sino porque, insistimos, mientras el país real y el formal vayan por dos caminos distintos, no habrá futuro para nadie. Es urgente que la política redefina su identidad positiva -qué aporta a la construcción social- y supere la negativa -que solo atiende intereses de grupo-.

Analizamos asuntos de muy distinta naturaleza: JEP, Comisión de la Verdad, narrativas empresariales y académicas sobre el conflicto, implementación de los Acuerdos de Paz, narcotráfico, seguridad urbana, evolución de la criminalidad; colaboración empresarial con los espacios territoriales de capacitación y reincorporación y con las zonas más afectadas por el conflicto armado, y sobre un tema bien inquietante: la minería criminal. Fue muy notoria la participación de un amplio grupo de investigadores, con alta formación, trabajo en campo y genuino interés de aportar en las soluciones.

Referirse a la minería criminal, es hablar de cómo, de manera organizada y a través de los más atroces medios y el miedo, se combate la actividad formal. Buscando frustar que muchas de las zonas olvidadas y al mismo tiempo victimas colectivas del conflicto armado, encuentren en una minería responsable -tecnológica, ambiental y socialmente hablando- una oportunidad de progreso positivo. El ejemplo más elocuente de lo que ataca ferozmente dicha minería son los proyectos de la Continental Gold. ¿Por qué temen tanto los criminales a esta iniciativa? Porque estamos ante una minería, que con normas bien exigentes, caracteriza a países como Canadá, Chile y Perú. Y entonces, el contraste con el carácter depredador, en todo sentido, con la minería ilegal, quedará profundamente en evidencia si progresan los proyectos.

¿Qué estaban haciendo nuestros jóvenes geólogos en la lamentable matanza la semana pasada en Yarumal? ¿o los ingenieros en el ataque a su vehículo de trabajo hace apenas dos semanas? Pues lo más noble: poniendo su conocimiento para entender los límites de lo que puede o no hacerse en un contexto natural o cómo realizar trabajo minero con las mejores normas de seguridad y productividad. ¿No podrán aspirar nuestros jóvenes a estudiar geología, ingeniería de minas o petróleos, porque los criminales así lo deciden? Al solidarizarnos con los familiares de las víctimas de estos lamentables sucesos y con la empresa, queremos insistir en la necesidad de muchos frentes ciudadanos de apoyo, para que los criminales no sean quienes definan nuestras actividades. Que sea el conocimiento, la más alta regulación del interés público, el trabajo decente y formal, el interés colectivo, el que se refuercen como el marco que acatamos y defendemos. Continental sabe que ahí estamos para dichos fines. La Comisión de Paz debe ser un buen aliado en igual sentido.

Columnista Rafael Aubad López (El Colombiano)
Presidente Proantioquia