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Policía española detecta medio centenar de captadores de yihadistas

Por: Javier Pagola y Pablo Muñoz

El entorno de algunas mezquitas, los foros radicales, desarraigo, barriadas integristas… son el punto de partida de la hoja de ruta que lleva a Siria o Irak.

ImprimirAl menos medio centenar de captadores, que presentan un perfil de individuos duros, calculadores, manipuladores y, en ocasiones, con experiencia en zonas en conflicto, están operativos en España en labores de reclutamiento de combatientes para ser enviados a la yihad, principalmente a Siria, Irak o Malí.

Desde principios de 2014, la inmensa mayoría de los nuevos muyaihidines son adoctrinados con el objetivo de nutrir las filas del Estado Islámico (EI), que ha ido engullendo a otros grupos terroristas desplegados en la Península Arábiga. Las Fuerzas de Seguridad han detectado a 52 integristas de nacionalidad española combatiendo en aquellas zonas en conflicto, pero los expertos parten de la base de que hay más, que no están fichados. No obstante, la cifra habría sido mucho mayor de no ser por las sucesivas operaciones de la Comisaría General de Información de la Policía, que solo en este año ha hecho una decena de operaciones contra estas redes de captación, varias de ellas en colaboración con los servicios de seguridad marroquíes.

¿Qué lleva a jóvenes occidentales y concretamente españoles, a participar en una “guerra” que no es la suya, en un país lejano y, además, en nombre de una religión que, al menos hasta entonces, no practicaban o lo hacían desde la distancia? Los expertos antiterroristas consultados por ABC apuntan varios “factores de alto riesgo”: desarraigo social -“soy español, pero me tratan como a un marroquí porque mi padre lo es”; desestructuración familiar; influencia del entorno; barriadas marcadas por un integrismo extremo; adoctrinamiento en los aledaños de determinadas mezquitas; foros que divulgan imágenes “heroicas” de supuestos combatientes, cuando la realidad los delata como terroristas… Y detrás de todo ello, los más de cincuenta captadores que actualmente operan en España.

Entorno de las mezquitas

Los aledaños de las mezquitas siguen siendo lugar elegido para la captación de futuros muyaihidines. La mayoría de estos lugares de culto situados en España son ajenos a la estrategia radical, como lo son los imanes que están al frente. Pero también es cierto que muchas de ellas son usadas por los “ojeadores” para sondear entre la comunidad musulmana qué asistentes son susceptibles de alistarse para llevar a cabo la mal llamada “guerra santa”.

Se les tantea para determinar si reúnen algunas de las condiciones que en opinión de estos “ojeadores” deben reunir quienes aspiren a convertirse en muyaihidines, con especial preferencia entre aquellos que consideran que están en una situación de especial debilidad. Tras ser “marcados”, los candidatos pasan ya a manos del captador, que los adoctrina en la versión más integrista y medieval del islam. Una versión que justifica la muerte del infiel; o, llegado el caso, las acciones de “martirio” (inmolarse en atentados suicidas), siempre en un tono épico y de heroísmo… Se les insta a desprenderse de sus vestimentas para enfundarse prendas islámicas, a distanciarse de la familia y antiguos amigos, y se les muestran versiones manipuladas del islam. Nunca de fuentes directas, sino de intermediarios. Los conflictos en Siria e Irak y, muy especialmente, la irrupción del Estado Islámico, con sus muyaihidines luciendo uniformes negros y armas largas, han reactivado el reclutamiento de yihadistas.

Determinadas barriadas de marcada influencia islamista, fundamentalmente en Ceuta y Melilla, constituyen también terreno abonado para la formación de terroristas. No es casual que la mayoría de las redes de captación desmanteladas durante 2014 tuvieran su base en ambas ciudades autónomas. Aquí ya no es tan importante la figura del “ojeador”, porque los adolescentes van creciendo en un ambiente propenso para percibir la sociedad occidental como corrupta y objetivo a combatir. Pero el proceso de radicalización conduce a lo mismo. El desarraigo social de jóvenes de procedencia musulmana es también factor de alto riesgo. “Soy español, pero me señalan; no me aceptan como soy; no tengo las mismas oportunidades que el resto de mis compañeros de colegio”. Estas son algunas de las reflexiones que se hacen muchos jóvenes hijos de inmigrantes. Es la gasolina que necesita el reclutador para prender la llama.

En este ambiente, también constituye un elemento de peligro la desestructuración familiar: padres separados o con antecedentes penales, cabeza de familia que abandona el hogar…

Foros y redes

Pero lo que en los últimos años se ha consolidado como la mayor plataforma para el reclutamiento de combatientes han sido los foros yihadistas y las redes sociales. Los captadores han creado un elevado número de estos foros, abiertos a cualquiera porque en una primera fase no les interesa poner restricciones. A través de estos foros, el reclutador, individuo calculador, de perfil extremadamente duro, manipulador, que no empatiza con sus “víctimas”, que sabe “tocar” pero sin “quemarse”, detecta a aquellos usuarios que muestran interés por la yihad, muchas veces solo por curiosidad. Se pone en contacto con ellos y gradualmente los va conduciendo hacia páginas web más restrictivas, reservadas ya solo para individuos de cierta confianza. Los foros se han convertido en un instrumento clave de la yihad. Se trata de plataformas sometidas a estrictos controles por parte de sus administradores, que actúan en el más absoluto anonimato. Es imposible participar en sus debates sin la invitación previa de un miembro. Operan con estructuras jerarquizadas en las que el internauta va ascendiendo de nivel a medida que consigue la confianza de los gestores de los escalafones superiores. Las conversaciones se producen en secciones cerradas al gran público. Y cuanto más sensible es el contenido de los diálogos, menos son los usuarios autorizados para poder participar en ellos.

A partir de entonces se pasa a un segundo nivel, donde los seleccionados son sometidos a adoctrinamiento. Los foros ofrecen grandes ventajas para el reclutador. El aspirante pasa horas y horas al día enganchado a la red y se evita desplazamientos y citas que pudieran ser detectadas por las Fuerzas de Seguridad.

Consumado el reclutamiento, completado el adoctrinamiento, los nuevos muyaihidines son seleccionados para su desplazamiento a zonas de combate. Actualmente Siria, Irak y en menor medida Malí son las “tierras prometidas” elegidas por el integrismo. En ocasiones, la propia organización paga el viaje, con dinero obtenido por lo general a través de medios ilegales. Pero en otras son los propios reclutados los que se tienen que costear el desplazamiento. ¿Cómo? Vendiendo algunas de sus pertenencias: el coche e incluso la casa. Unos 800 o mil euros son suficientes.

En los últimos meses se ha detectado la salida de combatientes rumbo a Siria e Irak desde Barcelona. Pero el itinerario preferido pasa por Málaga, que tiene vuelo directo a Estambul y Ankara. Se sirven de la cobertura de un viaje turístico, ya que Turquía recibe visitantes durante todo el año. Otra salida que eligen las redes con base en Ceuta y Melilla es la de Marruecos, también con el mismo destino.

Los nuevos combatientes llegan a Turquía con una serie de recomendaciones de los cabecillas para que extremen las medidas de seguridad. Por ejemplo, se les advierte de que no utilicen sus teléfonos móviles, ni siquiera para ponerse en contacto con sus familiares, que, además, no deben estar informados de los pormenores del viaje. En aquel país se ponen en contacto con colaboradores designados por la organización. Son los encargados de facilitarles el paso por la frontera a Siria. Van modificando los puntos en función de la vigilancia policial que observen.

Ya en Siria, un segundo colaborador los traslada al centro de entrenamiento designado. Dos de los que han acogido un mayor número de aspirantes a muyaihidines en los últimos meses están en Lakatia y Alepo. Allí coinciden los españoles con terroristas procedentes de otros países de Europa o de Estados Unidos. Por el testimonio de algunos que han retornado luego, coinciden allí con mujeres y menores, incluso de 13 y 14 años.

Los adiestramientos sobre manejo de armas y explosivos no se prolongan muchos días. Una vez en combate, ya se irán fomando más en las prácticas terroristas. Según constata la Policía, cuando, procedentes de Occidente, desembarcan en el “infierno” del Estado Islámico, los reclutados no sufren ningún tipo de impacto por el cambio brusco. Tal ha sido el proceso de adoctrinamiento, que llegan con ojos de islamista radical, no occidental.

El retorno

Pero hay casos en los que estos muyaihidines se sienten engañados, decepcionados o, simplemente, no aceptan inmolarse en un atentado suicida y desean regresar a sus países de origen. Algunos también se han sentido engañados porque se les ha obligado a enfrentarse con otras facciones islamistas rivales. Son considerados traidores, así que el retorno lo deben hacer sin autorización de los cabecillas, por su cuenta. Para pagar el billete de vuelta solicitan ayuda a sus familiares o piden un préstamo. Pero el verdadero peligro para los países ocidentales lo constituyen aquellos que retornan por orden de sus jefes. Porque tendrán una de estas dos misiones: integrarse en una célula activa para atentar o reclutar nuevos combatientes para garantizar el relevo.