
Gabriel Boric y José Antonio Kast representan proyectos políticos profundamente distintos. Sin embargo, sus primeros meses de gobierno revelan una similitud que merece atención: ambos llegaron a La Moneda impulsados por enormes expectativas y ambos enfrentaron rápidamente el desencanto de una ciudadanía que esperaba cambios más rápidos y profundos.
Quizás el problema no sean únicamente Boric o Kast, sino una política que ha convertido cada elección en una promesa de refundación. Unos ofrecen transformar Chile; otros, recuperarlo. El relato cambia, pero la expectativa es similar: que un nuevo Presidente resolverá en pocos años problemas que el país arrastra por décadas.
El riesgo comienza cuando la frustración deja de dirigirse contra un gobierno y se extiende hacia el sistema. Después de probar alternativas ideológicamente opuestas, algunos ciudadanos pueden concluir no que fracasó la izquierda o la derecha, sino que “todos fracasan”. Entonces se deterioran la confianza, la credibilidad de las instituciones y el valor de la propia democracia.
Ese terreno favorece liderazgos que ofrecen eficacia a cambio de contrapesos y soluciones simples para problemas complejos.
Chile necesita recuperar algo menos espectacular, pero más valioso: una política capaz de generar esperanza sin fabricar ilusiones. Gobernar también significa explicar límites, construir acuerdos y reconocer que ciertas transformaciones requieren más de un período presidencial.
Tal vez nuestra próxima madurez democrática consista precisamente en dejar de buscar salvadores y comenzar a exigir buenos gobiernos.
Rodrigo Durán Guzmán


Más historias
GORE Tarapacá y Consejo Regional entregan insumos a SENAPRED para reforzar respuesta ante precipitaciones
Estudio de la Universidad de Chile revela cómo caracoles habrían llegado a la Antártica sobre macroalgas
Especialista de la Universidad de Chile explica curiosidades de la genética felina: Camadas con distintos padres y qué revela el color del pelaje