
Hace pocos días la candidata Evelyn Matthei denunció una “campaña asquerosa” en su contra, prometiendo acciones legales que, finalmente, nunca presentó. El resultado: un boomerang político que erosiona su credibilidad y deja a la oposición atrapada en un infantilismo estratégico preocupante.
Lo más inquietante no es la acusación en sí, sino la liviandad con que se maneja la política en Chile. Como bien diría Descartes en «las pasiones del alma», las emociones desbordadas sin el gobierno de la razón solo conducen a decisiones erráticas. Y en pleno escenario electoral, esa falta de método – casi una ironía frente al discurso del método – no sólo desgasta a la candidata, sino que amenaza con fracturar a toda la oposición, que tarde o temprano deberá unirse para competir con el oficialismo en un balotaje.
Matthei parece vivir, como en «las metamorfosis de Ovidio», en una transformación inversa: de candidata fuerte y racional a protagonista de un relato emotivo e inconsistente, rodeada de un coro complaciente que aplaude cualquier arrebato.
Chile no necesita líderes atrapados en sus propias pasiones, sino propuestas y estrategia. Pedir menos espectáculo y más política real quizás sea ingenuo, pero insistir en la improvisación es un lujo que la oposición – y el país – no pueden darse.
Rodrigo Durán Guzmán
Director de Comunicaciones
Especialista en Comunicación Corporativa


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