16 de agosto de 2026

DIARIO EL NORTINO

Palabras que iluminan nuestro territorio

La denominada «Operación Tokio», que terminó con la detención de un ejecutivo bancario presuntamente vinculado a operaciones financieras del crimen organizado, abre una pregunta que trasciende las responsabilidades individuales que deberá determinar la justicia: ¿Cómo actividades de esta magnitud pudieron desarrollarse durante años sin ser detectadas oportunamente?.

El caso obliga a reflexionar sobre la eficacia de los mecanismos de supervisión y control destinados a prevenir el lavado de activos y la infiltración del crimen organizado en instituciones estratégicas para el país. Cuando una estructura ilícita logra operar durante un período prolongado, no sólo queda en evidencia la capacidad de adaptación de las organizaciones criminales, sino también las brechas existentes en los sistemas llamados a detectarlas y contenerlas.

La preocupación es aún mayor porque la confianza constituye uno de los activos más importantes de cualquier sistema financiero. Cada falla relevante erosiona la credibilidad institucional y fortalece la percepción ciudadana de que el Estado y las organizaciones encargadas de fiscalizar llegan tarde frente a amenazas cada vez más sofisticadas.

El desafío, por tanto, no consiste únicamente en perseguir y sancionar a los responsables. También exige revisar procedimientos, fortalecer capacidades técnicas y promover una cultura donde la excelencia profesional, la probidad y la rendición de cuentas sean estándares irrenunciables.

La principal amenaza para un país no es solo la existencia del crimen organizado, sino la incapacidad de sus instituciones para anticiparse a él. La Operación Tokio debe entenderse como una advertencia. Ignorarla sería permitir que la excepción termine transformándose en una preocupante normalidad.

Rodrigo Durán Guzmán

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