
La imagen llamó la atención de inmediato y no dejó indiferente a nadie. Una limusina Hummer blanca, alfombra roja, cámaras registrando cada ángulo, banquetería de alto nivel, barra de alcohol y regalos para los invitados. Pero no era una fiesta privada ni un evento empresarial. Era la celebración del quinto aniversario del Servicio Local de Educación Pública (SLEP) de Atacama, uno de los organismos más cuestionados del sistema educativo chileno.
La actividad se realizó la noche del 10 de enero de 2026 frente al Casino de Copiapó y rápidamente se transformó en tema nacional. Parte de los antecedentes que permitieron conocer el evento fueron revelados en un reportaje especial de BioBioChile, medio que expuso las imágenes y los datos que encendieron la polémica. A partir de esa investigación, distintas voces del mundo educativo, académico y político volvieron a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿están los SLEP cumpliendo su objetivo de fortalecer la educación pública o se están alejando de las necesidades reales de las comunidades escolares?
Las reacciones no tardaron. Las imágenes se viralizaron en redes sociales y provocaron molestia transversal. Para muchos padres, apoderados y docentes, el contraste fue difícil de entender: el mismo servicio que arrastra los peores resultados PAES del país por cuarto año consecutivo, que ha perdido cerca de 4.800 estudiantes desde 2022 y que ha tenido siete directores en solo cinco años, celebraba como si estuviera viviendo un momento exitoso.
El presidente del Colegio de Profesores, Mario Aguilar, expresó una crítica directa. En declaraciones difundidas por BioBioChile, señaló que “resulta chocante observar una celebración a todo lujo cuando las comunidades educativas han enfrentado tantos problemas”, calificando el acto como fuera de lugar frente a la realidad que viven docentes y estudiantes en la región.
Desde el mundo académico, el cuestionamiento fue aún más profundo. En una columna publicada en BioBioChile, el académico Juan Pablo Catalán, de la Universidad Andrés Bello, apuntó a una dimensión que va más allá del gasto. A su juicio, cuando existen escuelas con infraestructura deteriorada, profesores sobrecargados y estudiantes que no alcanzan aprendizajes básicos, el problema deja de ser solo administrativo. Su frase quedó dando vueltas en el debate público: “Cuando la educación pública se sube a una limusina, no avanza: se desvía”.
Un problema que no se limita a una región
Aunque el foco está puesto en Atacama, especialistas coinciden en que lo ocurrido no es un hecho aislado. Más bien, refleja tensiones que atraviesan a todo el sistema de Nueva Educación Pública.
La creación de los Servicios Locales de Educación Pública, establecida en la Ley 21.040 de 2017, respondió a un diagnóstico claro: los municipios ya no podían sostener la educación pública. Durante décadas, la matrícula estatal fue cayendo de manera constante, pasando de ser mayoritaria a representar poco más de un tercio del sistema escolar.
Los SLEP nacieron con la promesa de profesionalizar la gestión, reducir desigualdades entre comunas y poner el foco exclusivamente en la educación. En los hechos, sin embargo, la implementación ha sido compleja.
Según datos del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, entre 2004 y 2022 la matrícula pública cayó más de un 30%. Para varios expertos, la reforma llegó tarde y se enfrentó a un sistema ya debilitado.
El investigador Mauricio Pino, del CIAE, ha explicado -en análisis difundidos por BioBioChile- que la desmunicipalización buscaba terminar con un modelo donde la calidad dependía demasiado del alcalde de turno. “Se necesitaba un sistema dedicado solo a la educación”, ha planteado, aunque reconociendo que el diseño y la implementación presentan falencias importantes.
Hoy, 36 de los 70 SLEP proyectados ya están en funcionamiento, administrando a más de 640 mil estudiantes en todo el país. Sin embargo, los resultados y la percepción ciudadana son dispares según el territorio.
Atacama: una historia de problemas acumulados
En el caso de Atacama, los cuestionamientos no son nuevos. Desde su creación en 2020, el SLEP ha tenido siete directores ejecutivos, ha enfrentado investigaciones del Ministerio Público por eventuales irregularidades, observaciones reiteradas de Contraloría y un paro docente de 83 días en 2023 que dejó a más de 30 mil estudiantes sin clases.
A eso se suman los resultados académicos. En el SIMCE 2023, los estudiantes de segundo medio de la región obtuvieron en promedio 245 puntos en Matemática, uno de los registros más bajos del país. En paralelo, la matrícula regional cayó cerca de un 15% en cuatro años, una señal clara de desconfianza de las familias hacia el sistema.
Desde el Gobierno se ha insistido en que Atacama es un caso excepcional y se han comprometido inversiones millonarias en infraestructura. No obstante, para muchas comunidades educativas el problema no pasa solo por recursos, sino por una gestión estable, cercana y conectada con la realidad de las escuelas.
Municipios, Estado y una discusión abierta
El debate también ha llegado con fuerza al mundo municipal. La Asociación Chilena de Municipalidades ha sido crítica del desempeño de los SLEP. Su presidente, el alcalde de Zapallar, Gustavo Alessandri, ha planteado que el Estado destina muchos más recursos a estos servicios que a los municipios, sin que eso se traduzca necesariamente en mejores aprendizajes.
Para otros alcaldes, en cambio, el modelo sigue siendo necesario, aunque perfectible. Argumentan que algunos indicadores, como la asistencia escolar, muestran mejoras y que abandonar la reforma podría significar retroceder.
Esta división refleja una discusión de fondo que aún no tiene consenso: cómo mejorar la educación pública sin repetir errores del pasado.
Lo que dicen los estudios y lo que viene
Un estudio del Centro de Estudios Públicos (CEP), junto con informes de Contraloría, ha identificado problemas comunes en los SLEP: exceso de burocracia, poca atención a lo pedagógico, infraestructura heredada en mal estado, rigidez para usar recursos, dificultades para atraer buenos profesionales y escasa participación de las comunidades escolares.
El ministro de Educación, Nicolás Cataldo, ha defendido el sistema y sostiene que evaluar su éxito o fracaso requiere una mirada de largo plazo. Desde la academia, en tanto, se advierte que pruebas como la PAES no reflejan por sí solas la trayectoria educativa de los estudiantes.
El cambio de gobierno añade una nueva capa de incertidumbre. El presidente electo José Antonio Kast ha planteado la necesidad de pausar el proceso, evaluarlo y dialogar antes de continuar con nuevos traspasos de establecimientos.
Más allá de la polémica
Más que una discusión técnica, lo ocurrido en Atacama reabrió una conversación que toca directamente a miles de familias. La educación pública no es una abstracción: es la escuela del barrio, el liceo donde estudian los hijos, el lugar donde se construyen oportunidades.
Desde una mirada ciudadana y regional, el debate sobre los SLEP no se resuelve con celebraciones ni con discursos. Se resuelve escuchando a las comunidades, fortaleciendo la gestión y poniendo en el centro lo que nunca debió salir de foco: los estudiantes y sus aprendizajes.
Este artículo se elaboró a partir de información pública y del reportaje especial de BioBioChile sobre los SLEP, desarrollado bajo el enfoque editorial de Diario El Nortino.


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