17 de agosto de 2026

DIARIO EL NORTINO

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El cambio climático también entra a tu casa: Tarapacá enfrenta el desafío social de prepararse para temperaturas cada vez más extremas

El aumento de las temperaturas comienza a instalar una preocupación que va mucho más allá de las estadísticas ambientales. En Tarapacá, una región acostumbrada históricamente a convivir con el desierto y sus condiciones extremas, el cambio climático plantea una interrogante que afecta directamente a las personas: ¿cuánto calor podrán soportar las ciudades, las viviendas y, especialmente, quienes se encuentran en condiciones de mayor vulnerabilidad?

El cambio climático suele asociarse a transformaciones que ocurrirán dentro de varias décadas o en lugares distantes del planeta. Sin embargo, una de sus manifestaciones más cercanas se experimenta directamente sobre el cuerpo humano. Temperaturas extremas y olas de calor pueden repercutir en la salud, las condiciones laborales, la habitabilidad de las viviendas y el uso cotidiano de los espacios públicos.

El Sistema Nacional de Acceso a la Información sobre Cambio Climático (SNAICC) identifica el incremento de las olas de calor entre los riesgos relacionados con la salud y el bienestar de las personas. El fenómeno adquiere así una dimensión social y política: prepararse para temperaturas más elevadas implica decidir cómo serán protegidas las personas y cómo deberán adaptarse las ciudades durante los próximos años.

El calor extremo tampoco afecta a toda la población de la misma manera. Adultos mayores, niños y niñas, trabajadores expuestos al sol y familias que habitan viviendas con deficiente comportamiento térmico pueden enfrentar mayores dificultades cuando las temperaturas alcanzan niveles elevados durante períodos prolongados.

En el ámbito laboral, el problema resulta especialmente sensible para quienes desarrollan actividades al aire libre. Trabajadores de la construcción, transporte, seguridad, comercio, servicios, minería y otras labores pueden permanecer durante horas expuestos a condiciones de alta temperatura. La prevención frente al estrés térmico, el acceso permanente a hidratación, períodos adecuados de descanso y protocolos especiales durante episodios extremos comienzan, por tanto, a formar parte de una discusión que involucra salud y protección laboral.

Las viviendas representan otro punto crítico. El calor no desaparece cuando se cierra la puerta de una casa. Una construcción que acumula temperatura durante el día, posee escasa ventilación o carece de condiciones térmicas adecuadas puede mantener temperaturas incómodas durante varias horas, incluso después de disminuir el calor exterior.

Esta situación incorpora además una variable de desigualdad. Dos familias pueden enfrentar exactamente la misma temperatura ambiental y disponer de capacidades muy diferentes para protegerse. Mientras algunos hogares cuentan con climatización, aislamiento y recursos suficientes para asumir un mayor consumo eléctrico, otros dependen exclusivamente de las características estructurales de sus viviendas.

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Desde esa perspectiva, el cambio climático también puede profundizar desigualdades existentes. La capacidad de mantenerse protegido frente a temperaturas extremas comienza a relacionarse con los ingresos familiares, las características de la vivienda, el barrio donde se reside y el acceso a infraestructura apropiada.

Consultado sobre esta dimensión humana del fenómeno, el equipo de expertos en Desarrollo Humano de la Fundación Mariposas de Miraflores expresó preocupación por la necesidad de que las políticas de adaptación climática incorporen con mayor fuerza la realidad cotidiana de las personas. Desde esta perspectiva técnica, se advierte que detrás de las proyecciones de temperatura existen situaciones concretas que pueden afectar especialmente a adultos mayores que permanecen gran parte del día en sus viviendas, niños que estudian en establecimientos con condiciones térmicas insuficientes y trabajadores sometidos a una exposición prolongada al calor.

Para los especialistas de la Fundación, abordar este desafío desde el desarrollo humano supone colocar la calidad de vida, la salud, la dignidad y la protección de las personas entre los criterios centrales de las decisiones que se adopten. La preocupación no estaría solamente en determinar cuánto aumentarán las temperaturas, sino en establecer qué sectores de la población estarán mejor preparados, cuáles requerirán mayor protección y qué medidas pueden implementarse anticipadamente para disminuir las brechas existentes.

La situación plantea también interrogantes para la planificación pública. ¿Están las viviendas que se construyen actualmente preparadas para condiciones térmicas futuras? ¿Las escuelas y jardines infantiles cuentan con espacios adecuados frente a jornadas particularmente calurosas? ¿Los centros de salud, plazas, paraderos y lugares de alta concurrencia consideran suficientemente esta variable? ¿Qué ocurrirá con aquellos sectores urbanos donde existen pocas áreas de sombra?

Iquique y Alto Hospicio concentran una parte significativa de la población regional y presentan características urbanas diferentes. La adaptación al calor deberá considerar esas particularidades y avanzar hacia soluciones compatibles con las condiciones de un territorio desértico.

Infraestructura de sombra, mejoramiento térmico de viviendas, ventilación eficiente, arquitectura bioclimática, arborización con especies apropiadas para zonas áridas, espacios públicos climáticamente seguros, eficiencia energética y protocolos especiales frente a olas de calor aparecen entre las alternativas que pueden incorporarse progresivamente.

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Las escuelas constituyen otro espacio especialmente relevante. Niños y adolescentes permanecen varias horas dentro de establecimientos educacionales y requieren condiciones adecuadas para estudiar y desarrollarse. Incorporar criterios de adaptación climática en la infraestructura educativa podría convertirse en una política preventiva cuyos efectos trasciendan ampliamente el ámbito ambiental.

La discusión alcanza igualmente al sistema sanitario. Una población preparada puede reconocer tempranamente síntomas asociados a una exposición excesiva al calor, mantener una hidratación adecuada y adoptar medidas preventivas. Paralelamente, los servicios públicos pueden identificar sectores vulnerables y desarrollar protocolos de actuación antes de enfrentar episodios críticos.

El desafío político consiste precisamente en anticiparse. Las decisiones adoptadas hoy sobre viviendas, establecimientos educacionales, centros de salud, áreas verdes, pavimentos, planificación urbana e infraestructura pública permanecerán durante décadas. Diseñar pensando solamente en las condiciones actuales puede significar trasladar hacia las futuras generaciones costos que todavía pueden prevenirse.

Tarapacá posee, al mismo tiempo, una oportunidad. Su experiencia histórica de convivencia con el desierto puede convertirse en conocimiento aplicado para desarrollar nuevas formas de adaptación. Innovación tecnológica, arquitectura apropiada, planificación urbana y protección social pueden converger en una estrategia capaz de transformar una amenaza climática en una oportunidad para construir ciudades mejor preparadas.

Prepararse frente al aumento de las temperaturas tampoco significa instalar una sensación permanente de alarma. Significa reconocer un riesgo, estudiarlo y actuar anticipadamente. La diferencia entre una amenaza y una crisis muchas veces está determinada por aquello que una sociedad hizo antes de que el problema alcanzara su mayor intensidad.

“El cambio climático también entra a tu casa” deja entonces de ser solamente una frase de advertencia. El fenómeno puede alcanzar la vivienda de un adulto mayor, la sala de clases de un niño, el lugar de trabajo de miles de personas y el presupuesto de familias que necesitan mantener condiciones habitables.

La pregunta para Tarapacá ya no debería limitarse a cuánto calor podrá soportar la población. La cuestión social y política de fondo es cuánto está dispuesta la región a prepararse desde ahora para que las temperaturas del futuro no terminen convirtiéndose en una nueva forma de desigualdad.

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FONDO QHAPAQ AYMARA: Desarrollo Integral