
En un momento de inflexión para la política chilena, Jannette Jara, militante comunista, ha emergido como la figura que representará a la centroizquierda en las próximas elecciones presidenciales. Su triunfo en las primarias no solo marca un hito dentro de la coalición oficialista, sino que instala por primera vez en la historia democrática del país a una mujer del Partido Comunista como candidata presidencial de una alianza de gobierno.
Más allá de los análisis superficiales que la reducen a su simpatía o estilo directo -a veces interpretado como “desplome discursivo”, aunque más bien se trata de una autenticidad inusual en tiempos de retórica vacía-, Jara encarna una sensibilidad política que conecta con las raíces sociales más profundas de Chile. Su contundente respaldo en el norte del país no es casual. El norte, históricamente relegado por las élites capitalinas, ha sido cuna de movimientos sociales, sindicales y culturales que han dado forma al alma colectiva de la nación. No somos “rojos” por ideología, como algunos intentan caricaturizar: somos herederos de una conciencia social nacida al calor de las luchas obreras, mineras, campesinas y populares.
Por supuesto, la baja participación en las urnas ha dado pie a cuestionamientos. Pero seamos justos: ¿con cuántos votos se elige hoy a un concejal, alcalde o incluso a un parlamentario? La legitimidad del sistema electoral chileno no se ha puesto en duda cuando senadores son electos con porcentajes marginales gracias a la ingeniería del sistema D’Hondt. Entonces, ¿por qué ahora sí? ¿Por qué medir con varas distintas?.
Entramos ahora en una etapa decisiva. El mapa electoral comienza a definirse con mayor nitidez: frente a Jara podrían estar figuras como José Antonio Kast, Evelyn Matthei, Franco Parisi o Johannes Kaiser. Cada uno representa un sector distinto de la derecha, con propuestas y estilos claramente diferenciados:
– José Antonio Kast, con su discurso ultraconservador, moviliza un voto duro, ideologizado y nostálgico del autoritarismo. Sin embargo, su dificultad para construir mayorías amplias y su visión restrictiva sobre derechos sociales podrían convertirse en su talón de Aquiles.
– Evelyn Matthei, en cambio, se proyecta como una carta más pragmática, con experiencia en la gestión municipal y una imagen de “mujer de carácter”. Tiene potencial para moderar entre sectores más centristas de la derecha. No obstante, su cercanía con los sectores tradicionales puede restarle frescura frente a un electorado joven que busca renovación.
– Franco Parisi, operando desde el exterior (con una breve presencia actualmente) y sin estructura partidaria, sigue siendo una incógnita. Su discurso antipolítico conecta con sectores descontentos, pero su lejanía del territorio nacional y los cuestionamientos éticos que lo rodean podrían debilitar seriamente su capital político.
– Johannes Kaiser, por su parte, representa una versión más radical del pensamiento conservador y libertario, con un nicho digital activo, aunque con escasa proyección fuera del ámbito virtual.
Tampoco deben descartarse irrupciones desde el centro o la llamada «centroizquierda ampliada», como una eventual candidatura de Marco Enríquez-Ominami -siempre con ideas audaces, aunque sin una estructura consolidada- o figuras como Harold Mayne-Nicholls, que encarnan un perfil técnico y humanista, atractivo para un electorado desencantado de los extremos.
Frente a este mosaico, Jannette Jara aparece como una candidata con fuerte conexión territorial, vocación social y una trayectoria política forjada en el trabajo concreto más que en la publicidad. Su principal desafío será ampliar su base de apoyo más allá del mundo militante, generar confianza en los sectores independientes y entregar señales claras de gobernabilidad.
Lo que está en juego no es solo quién gana, sino qué país queremos construir: ¿uno donde se retome el proyecto social pendiente, donde se reconozcan los territorios, las diversidades y las deudas históricas? ¿O uno que se repliegue en los miedos, el orden sin justicia y la desigualdad estructural?.
El reloj electoral ya está corriendo. Más allá de las encuestas, los próximos meses serán decisivos para redefinir el rumbo del país. La política no puede seguir siendo una conversación entre cuatro paredes. Hoy, como ayer, el norte tiene mucho que decir. Y los pueblos del altiplano, también.
Juan Carlos Hernández Caycho
Educador, agente de cambio y vocero de la AMA


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