
La madrugada del 17 de noviembre, a las 04:30 horas, el Servicio Electoral (Servel) publicó el resultado definitivo de la elección de diputados en el Distrito 2, Tarapacá. Aunque muchos ciudadanos siguieron el conteo mesa a mesa y vieron a varios candidatos aparecer durante la noche como “virtuales ganadores”, el sistema electoral chileno -basado en el método D’Hondt- terminó por redistribuir las fuerzas y entregar tres cupos que no necesariamente coincidieron con quienes obtuvieron más preferencias individuales.
En total, participaron 212.663 electores, de los cuales 182.591 sufragios fueron válidamente emitidos. El resto correspondió a votos nulos y blancos. Pero lo determinante no fue sólo la cifra individual de votos, sino el desempeño de cada lista o pacto, ya que en Chile los diputados no se eligen únicamente por quién tiene más votos personales, sino por cómo se comporta el conjunto de candidatos agrupados bajo un mismo pacto.
En el caso de Tarapacá, cinco listas disputaron tres cupos. Y aunque algunos postulantes tuvieron altos respaldos personales, su lista no logró reunir suficientes votos totales para competir con otras en la asignación final de escaños.
La lista Unidad por Chile fue la más votada del distrito, al sumar 59.992 votos, equivalentes al 32,86% del total válido. Dentro de esta lista, el candidato con mejor rendimiento fue Carlos Carvajal, independiente apoyado por el PPD, quien alcanzó 25.360 votos, transformándose en el mayor votación individual de la jornada. Sin embargo, la lista solo obtuvo un cupo, porque su segundo mejor desempeño, Matías Ramírez, no alcanzó los votos suficientes para que el pacto compitiera por un segundo escaño.
En segundo lugar apareció la lista Chile Grande y Unido, que reunió 43.414 votos, equivalentes al 23,78%. Allí, Ximena Naranjo, independiente apoyada por la UDI, alcanzó 19.298 votos, cifra que le permitió sumar uno de los tres cupos, pese a no ser la más votada del distrito. Este resultado se explica porque su lista logró una votación general suficiente para competir por el segundo escaño en la fórmula D’Hondt.
El tercer cupo se definió entre Cambio por Chile (39.381 votos) y otras listas que, aunque tuvieron candidatos con altas votaciones individuales, no lograron un rendimiento colectivo suficiente. Finalmente, Álvaro Jofré, del Partido Libertario, alcanzó 14.898 sufragios, cifra que, sumada al rendimiento del resto de su lista, permitió que el pacto accediera al tercer escaño del distrito. Este punto es clave: Jofré no fue el tercero más votado en lo individual, pero su lista superó en rendimiento general a otras que sí tenían nombres fuertes.
Durante el conteo, muchos ciudadanos vieron cómo Abraham Díaz (PDC), Ramón Galleguillos (RN) y Jorge Muñoz (Republicano) aparecían momentáneamente como posibles electos. Eso ocurrió por el flujo inicial de mesas y porque hasta que no se completa el total de votos de cada lista, el sistema D’Hondt no permite calcular con precisión cómo se distribuirán los escaños. Cuando todas las mesas fueron escrutadas, la matemática electoral reorganizó las posiciones finales, dejando a varios candidatos con altas votaciones individuales fuera de la Cámara.
El método D’Hondt funciona dividiendo los votos totales de cada lista por una serie de números enteros (1, 2, 3, etc.). Los resultados de esas divisiones generan “cuocientes” que compiten entre sí. Los escaños se asignan a los mayores cuocientes, no necesariamente a los candidatos más votados. Esto explica por qué un aspirante con menos votos puede resultar electo si su lista tiene un mejor rendimiento global.
En Tarapacá, el resultado fue claro: tres listas lograron cuocientes suficientemente altos para quedarse con los escaños. Unidad por Chile se quedó con uno, Chile Grande y Unido con otro, y Cambio por Chile con el tercero. Ni los Verdes Regionalistas y Humanistas, ni el Partido de la Gente, pese a tener candidatos con cifras respetables, lograron competir por un cupo debido a que sus votaciones de lista no alcanzaron los niveles necesarios.
El balance final dejó sensaciones divididas entre los votantes, muchos de los cuales vieron con sorpresa cómo candidatos con respaldos individuales significativos quedaron fuera, mientras otros con menores cifras personales obtuvieron un escaño. Pero más allá de las percepciones, este resultado vuelve a poner sobre la mesa una discusión recurrente: la necesidad de que el electorado comprenda que en Chile se vota por listas, no sólo por personas, y que la estrategia de cada pacto influye decisivamente en el resultado final.
La elección dejó un mapa político marcado por la diversidad de listas y por el peso de la matemática electoral. En Tarapacá, la competencia fue estrecha, intensa y, como suele ocurrir bajo el sistema proporcional, llena de sorpresas que solo se despejaron cuando el Servel entregó el total de mesas escrutadas. Para miles de ciudadanos, fue un recordatorio de que la política no solo se define en las urnas, sino también en las reglas que determinan cómo se traducen esos votos en representación.


Más historias
Primer Consejo Regional de Educación Técnico Profesional sesionó en Iquique
Subdere inicia asignación de proyectos para reconstruir infraestructura pública afectada por sistema frontal
Electricidad: El nuevo mapa del poder