16 de agosto de 2026

DIARIO EL NORTINO

Palabras que iluminan nuestro territorio

La política sin alma: La decadencia ideológica de los partidos y el reto de recuperar la mística

Hoy he sentido la necesidad de escribir estas líneas tras una profunda y estimulante conversación que tuve con un grupo de colegas -académicos, profesionales de distintas disciplinas, todos comprometidos con el destino del país- con quienes compartimos una inquietud común: ¿Qué le pasó a la política? ¿En qué momento los partidos dejaron de representar ideas y comenzaron a girar en torno a personas? ¿Cómo llegamos a este escenario donde la política parece haberse vaciado de sentido?.

Recuerdo cómo, en los años 80, los partidos políticos eran verdaderas escuelas de ciudadanía. No solo organizaban campañas, sino que formaban a sus militantes. Había doctrina, ideología, debate y, sobre todo, mística. Se hablaba de proyecto de país, de justicia social, de democracia participativa. Las diferencias entre izquierda y derecha eran claras, pero eso no dividía: enriquecía el diálogo y fortalecía la vida democrática.

Hoy, en cambio, asistimos a un panorama desolador. Los partidos actuales, en su mayoría, se parecen más a clubes de amigos, estructuras oportunistas que emergen en cada elección sin más objetivo que obtener cargos. La falta de una línea ideológica clara los hace intercambiables. La mística ha sido sustituida por campañas de marketing, y la formación política por frases hechas que se acomodan al termómetro de las encuestas.

El mayor peligro es que la ciudadanía, harta de esta desconexión, ya no vota por partidos, sino por rostros. Se impone el «voto carismático», donde lo que importa es la simpatía o la exposición mediática, no el proyecto colectivo. Esto puede parecer inofensivo, pero es profundamente peligroso: cuando los partidos se vuelven cascarones vacíos, la democracia pierde su columna vertebral.

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Sin partidos sólidos, no hay democracia representativa ni posibilidad real de transformación social. Cuando se rompe el vínculo entre el ciudadano y una visión colectiva, se abre la puerta a caudillismos, populismos y liderazgos personales que no rinden cuentas. La política se reduce a una competencia de egos, sin coherencia ni horizonte.

Ante este escenario, y motivado por esa conversación fraterna con quienes todavía creen en la posibilidad de un país mejor, me permito proponer algunas alternativas para recuperar la confianza y devolverle el alma a la política:

¿Cómo recuperar la mística y la credibilidad?

  1. Repolitizar la sociedad: Es urgente recuperar el sentido profundo de la política como herramienta de transformación. Esto implica fomentar el debate en escuelas, universidades, medios y redes sociales, más allá del show electoral.
  2. Volver a la formación doctrinaria e ideológica: Los partidos deben formar a sus militantes. Un partido que no educa, no construye. La política no puede ser improvisación permanente.
  3. Recuperar la mística del servicio público: La ética debe ser el corazón de la política. Necesitamos líderes que vivan de acuerdo a lo que predican, y partidos que inspiren con su ejemplo.
  4. Exigir coherencia programática: Votar por personas simpáticas no basta. Hay que exigir programas claros, cumplimiento de propuestas, y mecanismos de rendición de cuentas efectivos.
  5. Reformar las estructuras: Se requieren cambios legales e institucionales que fortalezcan la democracia interna de los partidos, limiten el transfuguismo, aseguren la transparencia en el financiamiento y sancionen el clientelismo.

Mi intención con esta reflexión no es nostálgica ni pesimismo. Todo lo contrario. Creo firmemente que es posible recuperar la confianza en la política, pero solo si los partidos se atreven a reencontrarse con su verdadero propósito: ser instrumentos del bien común. La ciudadanía lo merece. Y los que aún creemos en la política como vocación de servicio, también tenemos la responsabilidad de exigir y construir ese cambio.

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Sin partidos con alma, no hay democracia con futuro. Y sin futuro colectivo, el país seguirá girando en círculos. Es tiempo de volver a creer, pero sobre todo, de volver a construir.

Juan Carlos Hernández Caycho
Educador, agente de cambio y vocero de la AMA

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