
La Región de Tarapacá enfrenta un deterioro ambiental silencioso pero progresivo, producto de la extracción no regulada de áridos que, según un diagnóstico técnico elaborado por la consultora GEACOM, alcanza más de 150 faenas activas sobre aproximadamente 970 hectáreas de terrenos fiscales. Aunque el debate público se ha enfocado en el perjuicio económico asociado a esta actividad, el impacto ambiental que se está generando sobre los ecosistemas del desierto, las cuencas, los suelos y la seguridad territorial es igual o incluso más grave.
Las intervenciones detectadas se concentran principalmente en Punta Patache, Copaquiri, Sagasca y Alto Hospicio, zonas donde se han removido millones de metros cúbicos de material sin estudios de impacto ambiental, sin planes de manejo y sin medidas de restauración. La extracción se realiza mediante socavones, zanjas profundas, desmontes y ampliación de canteras improvisadas, generando alteraciones visibles en la topografía y afectando la funcionalidad natural del territorio. En varios casos, las faenas se superponen con áreas que presentan valor ecológico, patrimonial o paisajístico.
El suelo es el primer elemento afectado. La remoción mecánica elimina la capa superficial, interrumpe procesos naturales de compactación y movilidad sedimentaria y genera inestabilidad que incrementa el riesgo de erosión. En sectores donde se han formado grandes depresiones artificiales, la pérdida de cohesión puede desencadenar microderrumbes y desplazamientos de material, afectando caminos rurales, infraestructura cercana e incluso poniendo en riesgo a transeúntes y conductores. Estas transformaciones del paisaje, al no contar con ningún tipo de restauración, quedan expuestas a la acción del viento y a episodios de lluvia, intensificando el deterioro.
Uno de los impactos más críticos se relaciona con la alteración de cauces naturales y quebradas. En un territorio como Tarapacá, donde la mayor parte del año no hay lluvias, los cauces secos cumplen un rol esencial como corredores naturales para el escurrimiento en eventos extremos. Al intervenir o modificar estos cauces, se altera su capacidad de conducción y se generan obstrucciones que pueden desviar flujos de agua hacia zonas urbanas o productivas. En Alto Hospicio y sectores de Pozo Almonte existen faenas que se han desarrollado directamente sobre líneas de drenaje natural. Este tipo de intervención aumenta el riesgo de aluviones, como los que históricamente han afectado a la región en episodios de lluvias estivales o de invierno altiplánico.
El diagnóstico también identifica efectos acumulativos sobre la biodiversidad. Aunque Tarapacá es una zona árida, su ecosistema alberga especies adaptadas que dependen de microhábitats frágiles. La ampliación de canteras y la circulación constante de camiones generan polvo en suspensión que afecta la flora xerófita y reduce la capacidad de regeneración natural. A ello se suma la fragmentación del hábitat de especies de aves, reptiles y pequeños mamíferos. En Punta Patache, donde se ubican sitios de conservación científica y zonas de alta sensibilidad, se han registrado intervenciones que se acercan a áreas de valor ecológico reconocido.
En localidades como Sagasca, donde las faenas presuntamente irregulares abarcan más de 446 hectáreas, el impacto ambiental adquiere un carácter estructural. La alteración del relieve, la degradación del suelo y la cercanía con rutas de tránsito humano y con la Reserva Nacional Pampa del Tamarugal generan una situación de vulnerabilidad que podría tener efectos prolongados sobre el ecosistema. La modificación del terreno aumenta la velocidad de escurrimiento de aguas lluvias, favorece procesos erosivos y transforma un paisaje que debería mantenerse estable, especialmente en áreas rurales y patrimoniales.
El riesgo ambiental también se refleja en la seguridad de las comunidades. La presencia de faenas activas sin señalización, controles o cierres perimetrales incrementa la posibilidad de accidentes. Cúmenes, zanjas profundas y taludes inestables pueden convertirse en zonas peligrosas para vecinos, trabajadores informales, visitantes o quienes transitan por rutas cercanas. Este riesgo se intensifica cuando las faenas están próximas a zonas urbanas, como ocurre en Alto Hospicio, donde los límites entre actividad extractiva y espacio habitado son, en algunos tramos, de pocos metros.
Desde el plano institucional, la falta de ingreso al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental para actividades que superan los umbrales de superficie o volumen establecidos por la ley genera un vacío crítico. La ausencia de planes de cierre, medidas de mitigación, monitoreos y seguimiento ambiental impide conocer la magnitud completa de los efectos generados. Las normativas sectoriales, como las de la Dirección General de Aguas, Bienes Nacionales o la Dirección de Obras Hidráulicas, contemplan medidas para regular este tipo de intervenciones, pero la falta de coordinación y fiscalización ha permitido que muchas de estas faenas operen sin control.
La ciudadanía ha expresado preocupación por la continuidad de esta actividad y sus efectos acumulativos. Muchos habitantes aseguran que el paisaje de su entorno ha cambiado de manera irreversible y temen que, en caso de un evento meteorológico intenso, las modificaciones del terreno incrementen los riesgos de inundaciones o desbordes. A ello se suma el deterioro del aire por polvo en suspensión, que afecta la salud respiratoria y la calidad de vida de quienes viven cerca de las rutas de transporte de áridos.
La degradación ambiental observada en Tarapacá no es solo un problema ecológico; es un peligro real para la seguridad territorial, para la infraestructura pública y para la resiliencia frente al cambio climático. Al no existir restauración ni fiscalización efectiva, el daño se acumula año tras año, comprometiendo la estabilidad de suelos, la protección de quebradas y la integridad de áreas naturales y urbanas. La magnitud de estas intervenciones demanda atención urgente por parte del Estado, tanto a nivel regional como nacional, y exige medidas concretas para prevenir nuevos impactos y corregir los ya existentes.
- Este artículo se enmarca en la serie investigativa “La Crisis Oculta de los Áridos en Tarapacá”, cuyo propósito es entregar a la ciudadanía, especialistas, autoridades y tomadores de decisión un análisis completo y fundamentado sobre la situación que enfrenta la región.


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