
Años atrás, cuando el Talismán de protección aún se encontraba en sus primeras etapas de confección personalizada, fue solicitado por una mujer que trabajaba en el área de la joyería, específicamente en la manipulación y logística de oro de exportación. Su función dentro de la empresa era delicada: se encargaba del envío de cargamentos hacia Brasil, gestionando su embarque desde el Perú bajo estrictos protocolos de seguridad internacional.
Aunque su formación profesional la inclinaba naturalmente hacia el escepticismo, su experiencia laboral la había enfrentado en más de una ocasión a situaciones difíciles de explicar, especialmente en ambientes donde lo material y lo simbólico parecían entrelazarse. Por ello, sin afirmar ni negar del todo, aceptó portar el Talismán protector desde el inicio de su confección.
De manera coloquial, entre quienes conocen su uso, el Talismán es considerado un “fascinador”: un apoyo energético que no solo protege, sino que también puede ayudarte a pasar desapercibido cuando el entorno se vuelve hostil, como si por momentos te hiciera invisible ante obstáculos, sistemas o personas que podrían bloquear tu camino.
Un día, debía embarcar un cargamento de oro con destino a Brasil. Sin embargo, al llegar al aeropuerto, el servicio aduanero había retenido la carga a minutos de ser subida al avión. El vuelo partía en 45 minutos.
El único funcionario con atribuciones para autorizar el despacho era el Director Aduanero del aeropuerto. Pero acceder a él requería una cita formal, y el tiempo ya no lo permitía. La pérdida de ese envío significaba no solo un perjuicio económico considerable para la empresa, sino también una mancha en su historial profesional.
Sin otra alternativa, decidió dirigirse directamente a las oficinas administrativas. Antes de avanzar, colocó el Talismán tal como se le había indicado para situaciones excepcionales.
Caminó hacia el primer control de seguridad.
Pasó sin ser detenida.
Subió al segundo nivel, atravesando el siguiente punto de control.
Nadie le pidió identificación.
Tomó el ascensor que conducía exclusivamente al área de oficinas de alto nivel.
Las puertas se abrieron sin objeción alguna.
Minutos después -sin percibir con claridad cuánto tiempo había transcurrido- ya estaba frente a la puerta del Director Aduanero. Tocó una vez. Luego otra. Finalmente, insistió.
Al abrir, el Director se mostró sorprendido: no había sido anunciada, no figuraba en agenda, ni existía registro de autorización para su ingreso. De inmediato solicitó la presencia de seguridad para verificar lo ocurrido.
Ese instante fue decisivo.
Con calma, explicó la situación, el riesgo económico inminente y que su firma era la única alternativa viable para permitir el embarque. En ese momento, se manifestó otra de las propiedades atribuidas al Talismán: la capacidad de fascinar, de generar apertura en quien escucha, de facilitar la disposición al entendimiento.
El Director la atendió con inusual atención.
No interrumpió.
No objetó.
Finalmente, dio la orden.
El embarque fue autorizado y salió a su destino dentro del tiempo límite, cumpliendo con el objetivo logístico y evitando una pérdida significativa para la empresa, así como una consecuencia directa para su responsabilidad profesional.
Desde entonces, aquel episodio quedó registrado como una experiencia concreta de cómo, en circunstancias críticas, el Talismán puede actuar no desde lo espectacular, sino desde lo sutil e imperceptible, abriendo caminos donde aparentemente ya no los hay.
Angel Bautista Calixto
Consejero Espiritual y Parapsicólogo


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