16 de agosto de 2026

DIARIO EL NORTINO

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Después de las urnas: ¿Qué le deja el gobierno saliente a Tarapacá y qué hereda el nuevo ciclo político?

Concluido el proceso electoral, Tarapacá entra en una etapa que exige más reflexión que euforia, más análisis que consignas. Las elecciones marcan un punto de cierre, pero también de continuidad. En ese sentido, resulta fundamental observar con equilibrio qué deja el gobierno saliente en la región y cuáles son los desafíos que hereda el nuevo ciclo político que comienza.

El gobierno que concluye su mandato lo hace en un contexto particularmente complejo. Enfrentó escenarios económicos adversos, tensiones sociales acumuladas, una crisis sanitaria aún cercana en la memoria colectiva y una agenda pública exigente, donde las demandas regionales compitieron con urgencias nacionales. En Tarapacá, ese esfuerzo se tradujo en avances parciales, iniciativas sociales relevantes y una voluntad de abordar problemáticas históricas, aunque no siempre con la profundidad ni la velocidad que la región requería.

En el ámbito social, hubo políticas orientadas a fortalecer la protección de los sectores más vulnerables y a sostener redes de apoyo en momentos críticos. Si bien estas medidas no resolvieron todas las brechas existentes entre comunas ni lograron transformar estructuralmente ciertas desigualdades, sí contribuyeron a amortiguar impactos y a mantener cohesión social en períodos difíciles. Reconocer ese esfuerzo es necesario para comprender que gobernar no es una tarea simple ni lineal.

En salud, el escenario fue especialmente desafiante. La sobrecarga del sistema, la falta de especialistas y las listas de espera son problemas que no nacieron en este gobierno y que difícilmente podían resolverse en un solo período. Aun así, hubo intentos por reforzar la atención primaria, ampliar coberturas y avanzar en herramientas como la salud digital. Quedaron pendientes avances más profundos, pero también aprendizajes que el nuevo ciclo político puede y debe aprovechar.

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En materia económica y laboral, Tarapacá cerró este período con tensiones evidentes, pero también con sectores estratégicos que se mantuvieron activos en un contexto nacional complejo. El comercio, la actividad portuaria y la ZOFRI siguieron siendo pilares regionales, aunque sin la modernización ni la diversificación necesarias para proyectar un desarrollo más sólido y equitativo. Aquí, más que un fracaso, se evidencia una tarea inconclusa que requiere continuidad y visión de largo plazo.

En seguridad y frontera, el gobierno saliente debió enfrentar un fenómeno que supera a una sola administración: la presión migratoria, el crimen organizado y la sensación de inseguridad en la ciudadanía. Se adoptaron medidas, algunas más visibles que otras, pero los resultados no siempre estuvieron a la altura de la complejidad del problema. Aun así, se instaló el tema en la agenda pública como una prioridad ineludible, algo que el nuevo gobierno no puede ni debe ignorar.

Ese es el escenario que hereda el nuevo ciclo político. No recibe una región abandonada, pero sí una región con desafíos estructurales pendientes. Hereda avances, aprendizajes y también frustraciones. Hereda una ciudadanía más consciente, más informada y más exigente, que espera menos discursos y más resultados concretos.

El desafío para el nuevo gobierno será construir sobre lo avanzado, corregir lo que no funcionó y atreverse a impulsar cambios donde el estancamiento se volvió costumbre. No se trata de negar lo hecho, sino de mejorarlo. No de fracturar, sino de integrar. Tarapacá necesita políticas públicas coherentes, continuidad institucional y una mirada regional que no quede subordinada a la lógica centralista.

También es importante decirlo con claridad: el desarrollo de Tarapacá no depende exclusivamente de un gobierno. Depende de la capacidad de diálogo entre autoridades, de la responsabilidad de los representantes regionales y de una ciudadanía activa que observe, participe y exija con respeto y firmeza.

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Después de las urnas comienza la etapa más relevante de la democracia: la gestión, el cumplimiento y la evaluación. El país cambia de ciclo político, pero las necesidades de la región permanecen. El desafío compartido es que ese cambio se traduzca en mayor bienestar, cohesión social y oportunidades reales para quienes habitamos en Tarapacá.

Reconocer los esfuerzos del pasado, asumir con realismo el presente y trabajar con responsabilidad por el futuro es la única forma de avanzar sin profundizar divisiones. Porque gobernar, al final, no es imponer visiones, sino servir a una región que espera ser escuchada.

Juan Carlos Hernández Caycho
Periodista, comunicador social, gestor cultural y vocero de la AMA

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