16 de agosto de 2026

DIARIO EL NORTINO

Palabras que iluminan nuestro territorio

Seguridad humana andina en el nuevo escenario hemisférico

Los recientes encuentros internacionales que buscan fortalecer la cooperación en materia de seguridad y estabilidad regional -entre ellos la denominada Cumbre Escudo de las Américas- han vuelto a situar al continente frente a un debate profundo: cómo enfrentar desafíos complejos que atraviesan nuestras fronteras y afectan la convivencia de nuestras sociedades. El crimen organizado transnacional, las dinámicas migratorias y las tensiones geopolíticas forman hoy parte de una conversación hemisférica que exige respuestas coordinadas entre los Estados.

Sin embargo, estos debates también invitan a ampliar la mirada. La estabilidad de una región no se construye únicamente desde acuerdos entre gobiernos ni desde estrategias de control fronterizo. Se construye también desde los territorios donde conviven las comunidades, donde se entrelazan las culturas y donde la vida cotidiana genera formas de cooperación que muchas veces preceden a las instituciones modernas.

Quienes vivimos y trabajamos en el norte de Chile sabemos que esta realidad no es una teoría. Tarapacá forma parte de una macroregión andina que, durante siglos, ha desarrollado sistemas de intercambio, organización social y convivencia que han permitido sostener la vida en una geografía exigente. Las rutas de intercambio, la complementariedad entre territorios y la convivencia entre comunidades han formado un tejido cultural que atraviesa hoy las fronteras de Chile, Bolivia y Perú.

Desde esa experiencia territorial surge una reflexión que considero necesaria en el debate actual: la estabilidad duradera de las fronteras no puede construirse únicamente desde la lógica del control o la contención. Debe construirse también desde el fortalecimiento de las comunidades que habitan estos territorios, desde la mejora de sus condiciones de vida y desde el reconocimiento de su papel histórico como espacios de encuentro cultural.

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En diversos ámbitos académicos y sociales se ha comenzado a hablar de seguridad humana andina para referirse a una perspectiva que integra dimensiones culturales, sociales y territoriales en la comprensión de los desafíos contemporáneos. Este enfoque reconoce que la estabilidad real de los territorios depende también del fortalecimiento del tejido comunitario, del acceso a oportunidades educativas y del respeto por la diversidad cultural que caracteriza a la región andina.

En Tarapacá esta mirada tiene un significado especial. Nuestra región ha sido históricamente un punto de encuentro entre pueblos y culturas, y esa condición ha generado formas de convivencia que han permitido sostener la vida social incluso en contextos complejos. Fortalecer las fronteras desde lo humano significa precisamente reconocer esa experiencia acumulada y trabajar para que las comunidades que habitan estos territorios puedan desarrollarse con dignidad y estabilidad.

En ocasiones, desde miradas más centralizadas se ha planteado que algunos territorios del norte cuentan con poblaciones reducidas y que, frente a ciertos desafíos, resultaría más sencillo desplazar comunidades que mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, la historia de los Andes demuestra lo contrario: los territorios se fortalecen cuando sus comunidades se desarrollan, cuando sus identidades culturales son respetadas y cuando las políticas públicas comprenden la realidad local.

El inicio de una nueva etapa en la conducción del país, con autoridades que asumirán responsabilidades en materias clave para la seguridad y la estabilidad territorial, abre también la posibilidad de que estas perspectivas sean consideradas dentro de las discusiones nacionales. En el caso de Tarapacá, donde recientemente una figura con experiencia en la región ha sido convocada para asumir funciones ministeriales vinculadas a estos desafíos, existe una oportunidad para que la mirada territorial tenga un mayor espacio en el debate público.

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Desde la experiencia que hemos desarrollado en la región -y desde el trabajo cultural y comunitario impulsado por la Alianza Mundial Aymara- creemos que es posible contribuir a esta conversación desde una perspectiva constructiva. Fortalecer las fronteras no significa generar confrontación ni desplazar a quienes habitan los territorios. Significa construir estabilidad social, fortalecer la cooperación entre comunidades y promover condiciones de desarrollo que permitan una convivencia equilibrada.

En un continente que enfrenta desafíos cada vez más complejos, las respuestas duraderas probablemente no surgirán únicamente desde las cumbres internacionales o desde las decisiones tomadas en las capitales. También surgirán desde los territorios donde las comunidades han aprendido, durante generaciones, a convivir, cooperar y sostener la vida en equilibrio.

Reconocer esa experiencia puede ser uno de los aportes más valiosos que la región andina -y particularmente Tarapacá- puede ofrecer al debate hemisférico sobre seguridad y estabilidad.

Juan Carlos Hernández Caycho
Periodista y comunicador social
Gestor cultural
Vocero de la Alianza Mundial Aymara

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