15 de agosto de 2026

DIARIO EL NORTINO

Palabras que iluminan nuestro territorio

La burocracia en Chile: Entre la historia y la manipulación política

He escuchado con atención a varios candidatos presidenciales y parlamentarios que, en medio de sus discursos, han repetido hasta el cansancio que este gobierno ha sido “el más burocrático de la historia”. Quiero detenerme en esa afirmación porque, más allá de la coyuntura electoral, revela una visión simplista y, en ocasiones, manipuladora de un tema complejo: la burocracia.

La burocracia no es un invento reciente ni una anomalía de un gobierno en particular. Es un sistema de organización del Estado que viene desde los tiempos coloniales, cuando la administración española se regía por jerarquías rígidas, corregidores, audiencias y cabildos. Con la independencia, Chile heredó esa lógica y la reforzó con la Constitución de 1833, que consolidó un Estado central fuerte y un aparato administrativo que buscaba orden y control. Desde entonces, la burocracia ha sido parte inseparable de nuestra vida republicana.

Pero la burocracia no debe entenderse solo como sinónimo de trámites y papeles. En su concepción más técnica, significa administración basada en normas impersonales, jerarquías definidas y procedimientos estandarizados. En Chile, durante el siglo XX, este modelo fue necesario para construir un Estado moderno, profesionalizar los servicios públicos y dar estabilidad institucional.

Es cierto que la ciudadanía muchas veces percibe la burocracia como tramitología excesiva, como lentitud, como filas interminables en el Registro Civil o formularios infinitos para obtener beneficios sociales. No lo niego: esa realidad existe. Pero también es verdad que el Estado chileno ha ido cambiando. Hoy contamos con la Clave Única, con trámites en línea, con la Alta Dirección Pública, con leyes de transparencia y con esfuerzos de digitalización que no existían hace apenas dos décadas.

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¿Significa eso que hemos superado la burocracia? No. Significa que estamos en un proceso de transición. Y es allí donde quiero ser claro: que todavía no logremos simplificar todos los procedimientos no quiere decir que sigamos en el pasado, ni menos que se trate de “la peor burocracia de la historia”. Es más bien la demostración de que estamos en medio de una modernización incompleta, donde conviven el papel y la firma notarial con la digitalización y el acceso remoto.

Me preocupa, sobre todo en mi región de Tarapacá, ver cómo algunos candidatos utilizan este tema para azuzar la molestia ciudadana y convertirla en arma electoral. Se critica al gobierno actual como si la burocracia hubiera nacido con él, y se olvida que este es un fenómeno histórico, estructural, y que atraviesa a todos los gobiernos de nuestra historia. Usar la burocracia como eslogan vacío para atacar o dividir no solo es irresponsable, también es un engaño a la ciudadanía.

La pregunta de fondo no debería ser “¿quién tiene la burocracia más grande?”, sino ¿cómo logramos transformarla en un instrumento más ágil, transparente y cercano a las personas? La crítica sin propuestas es solo demagogia. Y si de verdad los candidatos quieren mejorar la vida de chilenos y chilenas, deben comprometerse a avanzar en la digitalización plena del Estado, en la eliminación de trámites innecesarios, en la descentralización real de las decisiones, y en la creación de un servicio público que combine eficiencia con cercanía social.

La burocracia ha cambiado, y seguirá cambiando. La tarea política no es agitarla como un fantasma para sembrar rabia, sino entender su evolución y proponer reformas que beneficien directamente a las personas. En Tarapacá, y en todo Chile, merecemos un debate de altura y no un juego de culpas.

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Juan Carlos Hernández Caycho
Educador, agente de cambio y vocero de la AMA

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