
Durante más de seis décadas, el apellido Soria ha estado íntimamente ligado al devenir político de Iquique y de la región de Tarapacá. Al mando de este linaje se encuentra Jorge Alejandro Soria Quiroga, operador naviero y líder regionalista que, con una historia marcada por retornos y persistencia, ha ejercido como alcalde de Iquique en siete períodos y, desde 2018, como senador de la República. Su figura encarna el sueño de un Iquique proyectado al mundo a través de su propuesta estrella: el Corredor Bioceánico, pensado para convertir a la región en plataforma logística internacional.
Sin embargo, a medida que los años avanzan y la política local evoluciona, surgen nuevas preguntas en la ciudadanía. En particular, en las comunas de Iquique y Alto Hospicio, donde el “sorismo” ha gobernado con firmeza, comienzan a aparecer señales de desgaste y cuestionamientos.
Mauricio Soria Macchiavello, actual alcalde de Iquique y heredero político directo, ha logrado mantener la jefatura comunal, pero con una base de apoyo en retroceso: en las elecciones de 2021 obtuvo el 46,34% de los votos y en 2024 su reelección se dio con un 39,3%. Este descenso no implica necesariamente una derrota, pero sí marca una pérdida relativa de hegemonía, donde los adversarios no logran vencerlos, pero sí reducir el margen de dominio.
En este contexto, diversos sectores de la sociedad comienzan a cuestionar si la familia Soria representa una dinastía política o un capital territorial necesario para el desarrollo regional. Sus críticos hablan de “clan familiar”, apuntando a la presencia de amigos y cercanos en cargos estratégicos. Otros señalan que el senador ha tenido escasa participación legislativa, especialmente en temas críticos como seguridad, salud o empleo, mientras la región enfrenta problemas urgentes como el aumento del crimen organizado y la percepción ciudadana de inseguridad.
Los factores que erosionan la confianza
Existen varias razones que explican por qué parte de la comunidad ha comenzado a mirar con desconfianza a este liderazgo histórico:
- La inseguridad y el crimen organizado: Tarapacá es una de las regiones con mayor percepción de aumento de la delincuencia. Para muchos ciudadanos, el apellido Soria no ha logrado ofrecer respuestas efectivas frente a esta crisis, debilitando su imagen como protectores de la comunidad.
- El cansancio social y político: más de 50 años de dominio ininterrumpido generan la sensación de “siempre los mismos”, instalando en la opinión pública el deseo de renovación y alternancia.
- La competencia política más fragmentada: la reforma electoral ha permitido la aparición de nuevos actores que, aunque no logran destronar a los Soria, sí les restan votos y cuestionan su monopolio de poder.
- Las controversias y los controles: dictámenes de la Contraloría y viejos procesos judiciales, aunque resueltos a su favor, alimentan la narrativa de falta de transparencia que los opositores usan como bandera.
¿El ocaso de un caudillo o la madurez de la democracia local?
La eventual salida de Jorge Soria del Senado en 2026, y la imposibilidad legal de que Mauricio Soria se repostule como alcalde después de 2028, marcan un fin de ciclo generacional. Pero esto no necesariamente significa la desaparición del sorismo. Más bien, representa una transición hacia un modelo político plural, donde los liderazgos deberán sustentarse en coaliciones amplias y en resultados concretos.
Los nietos o jóvenes de la familia podrían intentar continuar el legado, pero se enfrentarán a un escenario mucho más desafiante. La ciudadanía exige probidad absoluta, sin zonas grises. Además, la agenda de desarrollo debe priorizar temas tangibles y urgentes como seguridad, vivienda y coordinación entre comunas, más allá de los grandes sueños geopolíticos. Y el sistema electoral, hoy más fragmentado, los obligará a negociar y a tejer alianzas, reduciendo la ventaja que antes otorgaba el apellido.
El papel de la comunidad
Frente a esta transición, la comunidad de Tarapacá tiene la última palabra. La política deja de ser patrimonio de unos pocos apellidos y se convierte en un ejercicio colectivo donde cada voto y cada decisión cuentan. El desafío es que esta madurez democrática no se limite a cambiar rostros, sino que también transforme la forma en que se gobierna.
El futuro de Tarapacá no depende solo de los Soria, sino también de nuestra capacidad como ciudadanos para exigir transparencia, innovación y un proyecto regional que responda a las necesidades reales de todas las comunas: desde Iquique y Alto Hospicio hasta Pozo Almonte, Colchane, Huara, Pica y Camiña.
Al final, la reflexión es simple y directa: ¿hemos mejorado realmente nuestra calidad de vida en estos años?, ¿seguiremos confiando en apellidos históricos sin evaluar sus resultados?, ¿estamos dispuestos a participar activamente en la construcción de una Tarapacá más segura, justa y moderna?
Estas son preguntas que debemos hacernos con honestidad, porque el rumbo de nuestra región no se definirá solo en las urnas, sino también en nuestra capacidad colectiva de soñar y construir un futuro mejor.
Juan Carlos Hernández Caycho
Periodista, comunicador social, gestor cultural y vocero de la AMA
Tarapacá en Perspectiva


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