14 de agosto de 2026

DIARIO EL NORTINO

Palabras que iluminan nuestro territorio

La política del espectáculo: Cómo los discursos vacíos erosionan la confianza ciudadana

En Tarapacá, como en muchas regiones de Chile y del mundo, la política se ha transformado en un gran escenario. Un lugar donde los discursos se convierten en piezas de teatro y las promesas en libretos que rara vez llegan a materializarse. Los ciudadanos, que alguna vez creyeron en la fuerza transformadora de la política, hoy miran con escepticismo a quienes deberían liderar el destino de la región.

La llamada política del espectáculo no es un fenómeno nuevo, pero se ha intensificado en los últimos años gracias al poder de los medios de comunicación y las redes sociales. Los líderes ya no buscan solo gobernar, sino también parecer que gobiernan. Cada aparición pública, cada declaración y cada fotografía se calcula milimétricamente, no para resolver los problemas de fondo, sino para moldear la percepción ciudadana. En este proceso, el contenido queda relegado a un segundo plano, y lo que se impone es la forma, el show, la puesta en escena.

Los discursos vacíos son la herramienta predilecta de esta política-espectáculo. Se repiten conceptos grandilocuentes como progreso, desarrollo, seguridad, futuro, pero rara vez se explican las acciones concretas que les darán vida. Es un lenguaje cuidadosamente diseñado para emocionar, pero no para informar.

En Tarapacá, escuchamos una y otra vez promesas sobre la lucha contra el narcotráfico, la descentralización, el impulso al turismo o la protección del medioambiente. Sin embargo, las cifras muestran una realidad distinta: la región sigue enfrentando problemas estructurales como la desertificación acelerada, la migración descontrolada, la falta de inversión en salud y educación, y la creciente inseguridad en ciudades como Iquique y Alto Hospicio, además de las complejidades sociales y económicas que viven las comunas de Pozo Almonte y Colchane, donde la frontera y el mundo rural presentan desafíos particulares que suelen quedar fuera de la agenda mediática.

El resultado es una brecha cada vez más amplia entre las palabras y los hechos. Esta disonancia cognitiva genera frustración en la ciudadanía, que termina por asumir que la política no es un espacio para soluciones, sino un espectáculo al que se asiste con resignación.

La confianza es el cemento que mantiene unida a la sociedad. Sin confianza en las instituciones, en los líderes y en el sistema, la cohesión social se debilita. Los discursos vacíos, al no ser respaldados por resultados, destruyen esa confianza de manera silenciosa pero constante.

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Cada promesa incumplida, cada anuncio sin seguimiento, cada acto simbólico que no se traduce en un cambio real, erosiona un poco más el vínculo entre gobernantes y gobernados. La ciudadanía, cansada de sentirse engañada, comienza a refugiarse en la apatía o en la rabia. Se reduce la participación electoral, aumenta la abstención y proliferan los movimientos antisistema que ven en la política tradicional un enemigo.

En Tarapacá, este fenómeno se refleja en la desconfianza hacia las autoridades regionales y nacionales. Proyectos estratégicos como el Comité Regional de Cambio Climático (CORECC) o los planes de desarrollo urbano quedan paralizados por falta de voluntad política o por la simple prioridad de mantener las apariencias antes que enfrentar los conflictos de fondo.

Los medios de comunicación tienen una responsabilidad enorme en este proceso. Muchas veces, sin quererlo, se convierten en amplificadores de la política-espectáculo. En lugar de fiscalizar, terminan difundiendo sin cuestionamientos los discursos vacíos y las puestas en escena.

En la era digital, las redes sociales han multiplicado el problema. Hoy, basta con un video bien editado o una fotografía emotiva para generar una sensación de acción y compromiso. Sin embargo, detrás de la pantalla, las realidades de la región siguen siendo las mismas: pobreza en los sectores rurales, contaminación creciente en la costa, falta de empleo digno y servicios básicos insuficientes.

El ciudadano consume el espectáculo como si fuera una serie de televisión. Aplaude, se indigna o comparte memes, pero rara vez se le brinda información profunda y verificable que le permita ejercer una ciudadanía crítica y activa.

Cuando la política se convierte en espectáculo, la democracia se debilita. Los procesos electorales dejan de ser espacios de debate sobre ideas y propuestas, y se transforman en competencias de marketing político. Se elige al candidato que mejor maneja la imagen, no necesariamente al que tiene la mejor capacidad de gestión.

Esto genera un círculo vicioso: líderes que gobiernan para las cámaras y ciudadanos que votan basados en emociones pasajeras. La consecuencia es una región estancada, donde los problemas se perpetúan mientras la clase política se dedica a administrar la percepción pública en lugar de construir soluciones duraderas.

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No todo está perdido. Romper el ciclo de la política-espectáculo requiere una ciudadanía más activa, informada y crítica. Los tarapaqueños tienen en sus manos la posibilidad de exigir transparencia, resultados medibles y participación real en las decisiones que afectan a la región.

Esto implica ir más allá de las redes sociales y de las conversaciones superficiales. Supone involucrarse en organizaciones comunitarias, asistir a las sesiones públicas de los consejos regionales, participar en plebiscitos y procesos de planificación territorial. La política deja de ser espectáculo cuando la gente deja de ser audiencia pasiva y se convierte en protagonista.

Asimismo, los medios de comunicación locales, tienen la misión de ofrecer información profunda y de calidad, de fiscalizar el poder y de abrir espacios para el debate ciudadano. La prensa no puede ser un escenario más del show político, sino una herramienta para iluminar la verdad y construir confianza.

La región de Tarapacá enfrenta desafíos enormes que no pueden resolverse con discursos vacíos ni con campañas de marketing. Se requiere liderazgo auténtico, voluntad de diálogo y, sobre todo, un compromiso real con la gente.

Como ciudadanos, debemos hacernos tres preguntas fundamentales:

  1. ¿Hemos sido espectadores pasivos de la política o actores activos en la construcción de nuestro futuro?
  2. ¿Cuántas veces hemos votado motivados por la emoción y la imagen, en lugar de evaluar propuestas concretas?
  3. ¿Estamos dispuestos a exigir resultados y rendición de cuentas, aunque eso implique incomodar a quienes están en el poder?

El espectáculo político terminará el día en que la ciudadanía decida apagar las luces del escenario y encender la luz de la verdad. Ese día, Tarapacá, con sus comunas de Iquique, Alto Hospicio, Pozo Almonte, Colchane y todas las demás, podrá comenzar a construir una política basada en hechos y no en palabras, en compromiso y no en apariencias.

Juan Carlos Hernández Caycho
Periodista, comunicador social, gestor cultural y vocero de la AMA

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